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El mandado de siempre, improvisar la ensalada para la visita, valla por el tomate, la cebolla, la lechuga, etc.
La campaña de siempre, el canoso encorbatado, diciendo barbaridades, haciendo promesas.
La ingenuidad de siempre, la gente con ojos de esperanza.
Lastima que en un día se juntó todo eso; yo, con la bolsita de verduras para la ensalada pasaba por el parque en época de campaña, y no faltó el canoso, y tampoco faltó la gente, y mucho menos la esperanza. Claro que también era de esperar mi reacción, lanzarle ese tomate en su nevada cabeza fue realmente un alivio.

 

Llega a la vieja y oscura casa, cansado del diario de la vida, mamado y mojado como todos los días. Se recuesta un rato para disipar la decepción de su mente.

Llueve torrencialmente, golpes fuertes truenan en su tejado de barro que amplifican el sonido cual concierto multitudinario; mientras el ve los rayos caer se dispone a comenzar sus queceres, pero se siente algo desubicado, cree qe falta algo, al fin recuerda que debe escribir sobre un putrefacto tomate que mas prefiere arrojárselo a un político que contarle una historia, aún así, sumiso en su deber académico busca el tan anhelado tomate que no encuentra en su lugar habitual, lo que le sube la ira de nuevo a su cabeza, de repente, un estruendoso grito se escucha –Anastacio, ya está el almuerzo mijo- grita su madre desde el otro lado de la casa.

-que bueno, con el estomago lleno de uno de esos buenos guisos de mi madre podré calmarme un poco- reflexionó. Se dirigió al comedor con buen semblante que no duró mucho; después de ver que su madre había preparado lo que menos le gustaba, ese famoso frito de verduras que parece que hubiera sido digerido y regurgitado unas cuantas veces, que rodeaba todo el plato de varios sabrosos alimentos embarrandolos todos como un vómito. Su madre un poco ciega y olvidadiza cree que él está felíz por esa buena merienda que le hizo con tanto cariño, él por su parte, sumiso de nuevo, procede a comerse todo con gran disgusto hasta con asco. Al cabo de una eternidd termina su plato y mas malhumorado que antes vuelve a buscar con brusquedad su tarea, rebluja toda la pieza cuando comienza a sentir un dolor punzante en el estomago, intenta regañar a su buena madre pero el dolor solo le permite recostarse y quejarse, su rabia y su dolor le consumen las energías, hasta que de repente escucha a su odiada madre -mijo, si le gustó el hogao, es que lo hice con puro tomate pintón-

Era una tarde oscura y fria como suelen ser de un tiempo para acá en esta ciudad, tarde de plan ecológico, ese día solo íbamos a visitar la naturaleza y al señor hongo, nada de pepas, el parche estaba bacano, lo mejor es que yo me elevo pero no alucino todas esas güevonadas de los parceros míos -hm, pedejos- Llego entonces a la casa  y me echo una dormida de relajo, y cuando me despierto –¡huy!- parce, veo que hay un elefante encima de mi, y ese man esta todo berraco, parece un tomate de la putería, pero no dice nada, se queda calla’o pero vigilante, yo, quieto como una estatua esperando que llegara alguen, pero todo empezó a oscurecer y a cara de ese animal toda roja y arrugada, arrugando las cejas y se iba acercando mas y mas; y todo se iba alejando, nadie llegaba, pero yo no le mostraba miedo, porque si uno les muestra miedo se le tiran, cuando va sacando un aguijón de la trompa parce, como el de una avispa, ahí si me cagué del miedo, me mando mero chuzón y yo quedé como muerto, pero alguien me trajo aquí y cuando desperté me estaban aplicando una inyección para el veneno; es por eso que estoy aquí internado, esperando que salga el veneno.

-mirame a los ojos- le dice ella, pero él no sabe como dar la cara, pero ¿cual es su rostro? ¿Acaso su tersa piel inmadura responderá sus cuestionamientos?

No!!! No lo permitirá, no hay excusa, su inmadurez no lo justifica, pues si quiere dejar su huella, no es la ropa el lugar mas indicado, cual niño inconsciente; que no se las venga a dar de artista a estas alturas cuando la experiencia comienza a resaltar en su piel.

Ella está incontrolable y me mira a mi, pero yo soy sólo un tercero en esta historia, pero ella sin considerarlo, me culpa cual padre irresponsable, yo simplemente me hago el duro y me invento un castigo, lo dejo en mi cuarto en un lugar inalcanzable, donde no pueda hacer daño a mi madre. Y yo lo miro y él quieto, con orgullo permanece resignado a ocupar su lugar.

Como toda buena catana queres llamar  la atención, cambiaste de maquillaje y hasta de ropa; ahora si pareces definir en algo tu personalidad, pero te falta un poco, todavía tienes vetas de niña y otras de infantileza.

Tu fachada me engaña, no te puedo juzgar al instante, color vivaz cubre tu rostro, vestimenta sutil cubre tu cuerpo, te exploro por todos lados y no logro aún confirmar lo que en principio me habías contado. Yo con mi humilde opinión psicoanalítica creo que lo que te embarga es un problema de personalidad. Te queres creer algo que no sos, tu disfraz logró engañarme por un instante pero no, una fuente fidedigna de la revueltería me dijo que eras un tomate y no una manzana.