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Todas ellas se escondieron de un enorme y horrendo monstruo, era el abominable, indomable y horripilante señor Ají, el cegador de sueños, el obstructor de sentidos, que dejaría a todas sus víctimas en el desdén de no sentir su vida con todas las experiencias como hasta ahora lo habían hecho; pero al ver que en el futuro nadie tenía el sentido del gusto entonces fue enviado como héroe al presente al niño Tomatillo con la misión de salvar al mundo de la simpleza.

Tomatudo era un tomate muy aventurero, un día como suele suceder cada cierto tiempo hicieron un convocatoria para ir a trabajar en Europa. Él con su buena presencia y brillante inteligencia fue uno de los escogidos para irse de viaje junto con su amiga Cebollina que también aplicó a la convocatoria. Juntos vivirían nuevas experiencias y si tenían suerte, serían parte de un buen plato gourmet en un lujoso restaurante.
Europa, esperaba ansiosa por su nuevo inquilino y él ansioso en la mañana de su salida hacia su nuevo hogar, se ruborizó en el momento en que fue llamado para abordar el costal que lo llevaría al viejo mundo. Desde ese momento ya se sentía Europeo así como los otros 500 suertudos tomates que lo acompañaban hacinados en ese soñado bulto.
Al saber que el destino específico era Italia les dijo a sus amigos que cuando fuera grande quería ser pasta de tomate para una buena pizza napolitana.
Por fin el avión cargado de bultos tomó vuelo por los aires que al cabo de un rato posó su panza en Milán para dejar sus ilustres pasajeros. Cebollina que se encontraba en otro costal salió ansiosa y entusiasmada buscando presurosa a su amigo para ir a dar un paseo antes de conseguir ese trabajo prometido; lo buscó por cada costal que había en el avión hasta que por fin lo encontró aplastado bajo la cabeza de un polizón Colombiano que se embarcó bajo el mismo sueño de nuestro amigo Tomatudo.

No saber donde se compra un tomate es grave, tan grave como no saber contar o leer. Es un conocimiento básico del mundo moderno. Puede que no lo crea así pero le voy a contar la historia que me tiene aquí. Resulta que un día, me pusieron a hacer una tarea algo extraordinaria, escribir acerca de un tomate que se iba pudriendo; yo con mi falta de experiencia comencé por donde cualquier ingenuo lo haría, un almacén de cadena, pero claro como cualquier ingenuo cree que los almacenes de cadena son baratos no pude comprar un bendito tomate, no tenía la plata suficiente, así que volví a la casa por mas dinero. La pereza de volver a salir a mojarme para ir a por un tomate me invadió, así que dejé para el siguiente día esa tarea. Me levante y me alisté para salir en busca del tomate, así que le pregunté a mi madre por un lugar cerca donde pudiera comprar el tomate y que no fuera tan costoso; ella en su suma sapiencia me dijo lo mas obvio……la tienda del barrio, así que me dirigí hacia allá además con un encargo de leche y huevos, pero no podía faltar el proveedor de don Mario que siempre le quedaba mal, así que con entusiasmo me dirigí un par de cuadras mas hasta la revueltería, pregunté por el famoso tomate y resulta que él señor los tenía ya como viejitos. Volví a casa con el recado de mi madre y me dispuse a salir en busca de la plaza de mercado del terruño donde vivo, llegué tranquilo pero al ver las caras no tan tranquilas de los dueños de los locales de la plaza supe que algo andaba mal, el incendio de la madrugada había hecho un hogao con esa plaza, que triste por ellos. Yo, ya un poco exasperado salí en busca de la dirección a la mayorista, sin tener resultado alguno, pues resulta que por el buen invierno que estamos pasando hay escasez de tomates y no se consiguen no para salsa, lo cual me trajo aquí, a pedirle a usted profesor Duarte que me de un “placito” para entregar los cuentos.