Tomatudo era un tomate muy aventurero, un día como suele suceder cada cierto tiempo hicieron un convocatoria para ir a trabajar en Europa. Él con su buena presencia y brillante inteligencia fue uno de los escogidos para irse de viaje junto con su amiga Cebollina que también aplicó a la convocatoria. Juntos vivirían nuevas experiencias y si tenían suerte, serían parte de un buen plato gourmet en un lujoso restaurante.
Europa, esperaba ansiosa por su nuevo inquilino y él ansioso en la mañana de su salida hacia su nuevo hogar, se ruborizó en el momento en que fue llamado para abordar el costal que lo llevaría al viejo mundo. Desde ese momento ya se sentía Europeo así como los otros 500 suertudos tomates que lo acompañaban hacinados en ese soñado bulto.
Al saber que el destino específico era Italia les dijo a sus amigos que cuando fuera grande quería ser pasta de tomate para una buena pizza napolitana.
Por fin el avión cargado de bultos tomó vuelo por los aires que al cabo de un rato posó su panza en Milán para dejar sus ilustres pasajeros. Cebollina que se encontraba en otro costal salió ansiosa y entusiasmada buscando presurosa a su amigo para ir a dar un paseo antes de conseguir ese trabajo prometido; lo buscó por cada costal que había en el avión hasta que por fin lo encontró aplastado bajo la cabeza de un polizón Colombiano que se embarcó bajo el mismo sueño de nuestro amigo Tomatudo.
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