Era una tarde oscura y fria como suelen ser de un tiempo para acá en esta ciudad, tarde de plan ecológico, ese día solo íbamos a visitar la naturaleza y al señor hongo, nada de pepas, el parche estaba bacano, lo mejor es que yo me elevo pero no alucino todas esas güevonadas de los parceros míos -hm, pedejos- Llego entonces a la casa y me echo una dormida de relajo, y cuando me despierto –¡huy!- parce, veo que hay un elefante encima de mi, y ese man esta todo berraco, parece un tomate de la putería, pero no dice nada, se queda calla’o pero vigilante, yo, quieto como una estatua esperando que llegara alguen, pero todo empezó a oscurecer y a cara de ese animal toda roja y arrugada, arrugando las cejas y se iba acercando mas y mas; y todo se iba alejando, nadie llegaba, pero yo no le mostraba miedo, porque si uno les muestra miedo se le tiran, cuando va sacando un aguijón de la trompa parce, como el de una avispa, ahí si me cagué del miedo, me mando mero chuzón y yo quedé como muerto, pero alguien me trajo aquí y cuando desperté me estaban aplicando una inyección para el veneno; es por eso que estoy aquí internado, esperando que salga el veneno.
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